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   El efecto sorpresa es conocido y usado desde tiempos remotos  por líderes religiosos, militares, políticos, negociantes, cazadores, bandidos, en la conquista de sus objetivos de poder, guerra,y en el amor.

    Sus logros por la estrategia del efecto sorpresa les ha dado la connotación de “grandes hitos de la historia.”

    En la utilización del efecto sorpresa se busca sorprender al contrario, quien regularmente tiene competencias de un saber particular en el cual ha sido educado y certificado por maestros en certezas, más no formado en el arte de prever lo incierto, ya que no existen andando sobre la tierra sino muy pocas personas adiestradas para enfrentar lo incierto y lo imprevisible.

   No hay maestros de lo imprevisible, mientras que las dinámicas personales, familiares, sociales, comerciales, competitivas, etc. tienen un altísimo componente de incertidumbre, desde la perspectiva de la lógica actualmente usada, lógica de las causas y sus efectos, lógica que por sus limitaciones evidentes sólo permite determinar algunas tendencias, y de acuerdo a estas tendencias, prospectar y planificar un futuro visto desde un espejo retrovisor.

    El arte de sorprender bajo el efecto sorpresa, se utiliza cierta forma de inteligencia natural, la cual se sustenta en la percepción y la coherencia crítica instintiva – intuitiva, que permite la manifestación muy personal de … ese... darse cuenta…comprender en un instante…esclarecerse y hacer coherencias asombrosas, útiles, certeras y tan oportunas, que la gente suele asociarla a algo superior y dice:…Dios me iluminó…Dios me esclareció…Se suele especulativamente asignarle atributos irreales, tales como dones clarividentes, carismas, sueños proféticos y un largo etcétera.

    El físico Albert Einstein decía al respecto muy acertadamente, que la cuna de la verdadera ciencia y el verdadero arte se encuentra en el misterio de la sorpresa y la capacidad de sorprenderse; y esto solo es posible lograse por personas muy perceptivas y equilibradas, cuya actitud observadora y desprevenida, les permite ver lo que los demás no ven y en consecuencia hacer lo que los demás jamás han hecho, es decir, les permite darse cuenta en forma oportuna, certera, coherente en relación con un objeto de interés o conjetura, actitud  definitiva  en la potencialización de sus decisiones, sea una innovación tecnológica, conceptual, estética, una decisión de vida o muerte, o una ganancia oportuna y singular.

    Esta actitud de comprensión intuitiva se encuentra igualmente entre políticos y comerciantes. Es el  conocido olfato en los negocios.  Las damas lo  atribuyen a un sexto sentido o malicia.

   El mundo económico se mueve gracias al efecto sorpresa que subyace en la oferta de un producto nuevo que da motivaciones al cliente para adquirirlo,  satisfacer una nueva necesidad o lograr una distinción particular que lo diferencie del común y estar IN...

    Así tenemos que en toda actividad competitiva, la capacidad de sorprender por variación de los escenarios viejos y rutinarios por otros nuevos, lo cual permite conquistar un  mercado, constituye una necesidad imperiosa, debido a que al desparearse un producto por una innovación,  este va a ser objeto de una demanda inusitada que le permite estar un paso más adelante que los demás, hasta que los otros competidores lo  copien o pirateen; estableciéndose un rasero igualador que lo abarata, lo hace común  en todas partes, y todo el  mundo lo tiene.

    Pocas ganancias,  depresiones económicas y crisis sociales con sus secuelas de violencia, son una constante ante   pocas innovaciones en la sociedad. Y cuando existen muchas innovaciones, las ventas del producto innovado suben y todos ganan.

Peter Joseph Pachón Bermudez